sábado, 28 de febrero de 2026

Del sigilo a la luz.


Del sigilo a la luz.

Desparramé guirnaldas al llegar la brillantez del silencio. Podía ver la oscuridad, escuchar el viento, palpar el frío en el húmedo rincón. Cuando mis pies desnudos quisieron pisar fuerte y cualificar mi presencia en este mundo, lloré. Valoré el aire que respiré por mis poros, que ahogados bebían gotas del agua que resbalaba por el musgo. 

Este es mi claustro, mi destierro, exilio voluntario y eterno. Soy, atado a mis manos atadas. Esclavo de mis cadenas. Ojos cerrados y abiertos, del silencio soy, del silencio me alimento.

Edgardo Benítez

Santa Ana, El Salvador

jueves, 26 de febrero de 2026

 
De hierro y hueso 
La paz no es descanso: es forma interior.
 





La paz
no cayó del cielo.
Se encendió
dentro del hueso.
Durante años
habitó en nosotros
un animal oscuro.
Aprendimos su respiración.
Le dimos casa.
Cuando el ruido cesó,
no quedó vacío.
Quedó el pulso.
Un pulso desnudo
pidiendo forma.
Ser de hierro 
no es endurecerse.
Es no volver atrás
aunque la sombra conozca el camino.
Ser de hueso.
es recordar
que todo lo humano tiembla.
La paz no es silencio.
Es una llama quieta
que exige vigilancia.
Si la descuidamos,
regresa la noche.
Si la habitamos,
se vuelve sangre.
Y entonces
ya no es tregua.
Es estado del ser.

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Edgardo Benitez 
Santa Ana, El Salvador 



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miércoles, 25 de febrero de 2026

 


Después de un silencio (más de tres años), mi blog literario está de vuelta. Poemas, cuentos, reflexiones, historias para leer, sentir y compartir.


¡Te invito a leer y disfrutar! 


 El bálsamo que abraza 


En el laberinto de tu infancia rota,

donde las sombras bailaban y susurraban,

se reflejaba un miedo patológico,

una nimiedad era la semilla,

y el gigante del dolor despertaba con un rugido.


El calor de padres ausente era el viento

que sembraba la tormenta en tu alma;

ahora el miedo era un océano sin playas

que inundaba todo, ahogando la razón y la calma.


El alcohol era el barquito de papel,

que se hundía en el mar de la desesperanza,

un intento de escapar del naufragio

donde la psicosis era la única orilla,

y la libertad era solo un recuerdo.


En la angustiada noche desesperada,

se escuchaban voces que te gritaban:

"Amar al semejante y aceptarlo como es".

"Ese es el bálsamo, el bálsamo que abraza fuerte",

te gritaban también, con un tembloroso eco que encantaba hasta las sirenas.


Edgardo Benitez

El Salvador

 


domingo, 22 de febrero de 2026

La muerte del escritor: Un ensayo sobre la creación literarioa

 






La Muerte del Escritor: Un Ensayo sobre la Creación Literaria


La palabra, ese instrumento de doble filo, capaz de crear y destruir con la misma facilidad. ¿Qué sucede, entonces, cuando la palabra se vacía de significado, cuando se convierte en un murmullo hueco, en un eco sin sentido que se pierde en el vacío?


Es entonces cuando nos damos cuenta de que la palabra no es más que un vehículo, un medio para transmitir algo que la trasciende. Y si ese algo no está allí, si no hay un mensaje, una emoción, una idea que comunicar, entonces la palabra es solo un cascarón vacío, un espectro de lo que una vez fue.


La literatura, ese arte de la palabra, no es ajeno a esta crisis. Cuántos textos, cuántos poemas, cuántas novelas se escriben sin que haya nada que decir, sin que haya un corazón que late detrás de las palabras, un alma que se desborda en la página como un río desbordado. El jugo de la literatura se derrama sobre su adorable encanto, pero ¿dónde está el néctar que nos hace vibrar?


Un escritor debe tener un mensaje para transmitir, algo que decir, algo que compartir. No puede ser solo un ejercicio de estilo, un juego de palabras vacías, un baile de sombras en la pared. Debe haber una intención, una pasión, una idea que impulse la escritura como un viento huracanado. Pero, ¿no es acaso el escritor el que asesina a la Literatura cuando se conforma con la mediocridad, cuando sacrifica la verdad por la fama o el reconocimiento?


Como dice Borges en "El espejo y la máscara", la perfección de un poema es un arma de doble filo: refleja la verdad, pero también oculta la humanidad del poeta. La búsqueda de la perfección puede ser un sacrificio, un trueque de la autenticidad por una belleza estéril, un espejismo que nos aleja de la verdad más profunda.



Pero, ¿qué es lo que hace que una palabra, un texto, un poema sea válido? ¿Es acaso la forma en que se estructura, el ritmo que lleva, la rima que canta? No, no es solo eso. Es algo más profundo, algo que viene de dentro, algo que late como un corazón en la oscuridad. Es la pasión, la emoción, la idea que se quiere transmitir.


La perfección, entonces, es la muerte del escritor. Porque cuando se alcanza, ya no hay nada que descubrir, nada que explorar, nada que crear. El escritor se ha convertido en un reflejo de sí mismo, en un espejo que solo refleja la perfección, pero no la vida.


Así que, como escritor, no me engañaré. No me quedaré en la superficie, no me conformaré con la palabra vacía. Buscaré la esencia, la verdad, y si no la encuentro, callaré. Porque, al final, la palabra solo vale si tiene algo que decir, si tiene un alma que late detrás de ella. Y si no, ¿no será que he asesinado a la Literatura?


Edgardo Benitez 

El Salvador 


Del sigilo a la luz.

Del sigilo a la luz. Desparramé guirnaldas al llegar la brillantez del silencio. Podía ver la oscuridad, escuchar el viento, palpar el f...