La herida
Hierro en la voluntad, hueso en la memoria: pensamiento, conciencia y evolución interior.
Bitácora de un exilio interior
Nota:
Estos textos son ejercicios de surrealismo breve. Parten de
la frase “no sé en qué estaba pensando cuando...” para explorar decisiones
límite —irnos, amar, romper, volver— desde un lugar simbólico, no literal. Uso
imágenes como el pozo y el exilio interior para hablar de identidad y vacío. No
buscan explicar, sino provocar una lectura más intuitiva. Los comparto aquí
porque El baúl es donde guardamos lo que no termina de caber en otra parte.
Texto breve
No sé en qué estaba pensando cuando decidí hacer amigos.
En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró
gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí
que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios.
Texto completo
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí hacer amigos.
En que mis monstruos estaban criando polvo de tanto conversar
solos. En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con
hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que
poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios. En que a veces
uno invita testigos para no ser el único condenado por su sed.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí irme de la
casa.
En que las llaves ya no abrían, solo confirmaban la jaula. En
que el silencio de esas paredes tenía mi voz y no me gustaba cómo sonaba. En
mudarme al intemperie porque el techo me censuraba las estrellas. En que hay
exilios que no huyen: fundan. Y mi exilio llevaba mi nombre tallado en la
maleta vacía.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí perdonar.
En que el rencor ocupaba demasiado espacio en el pozo y ya no
cabía yo. En que absolver al otro era la única forma de dejar de ser su
carcelero y el reo. En confundir olvido con cirugía: corté el nudo pero la
cicatriz aún sabe su nombre. En que a veces perdonar no salva al otro: desaloja
el templo para que el dios respire solo.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí callar.
En que las palabras se me estaban volviendo de cualquiera y
mi vacío no negocia con plebeyos. En darle el turno al eco para ver si decía
algo que yo no me atrevía. En que el silencio también muerde, pero no deja
saliva ajena en la herida. En fundar un país donde la única ley es no traducir
el abismo.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí volver.
En que el exilio me quedaba grande y el pozo original me
quedaba exacto. En que irse no mató al monstruo: solo le cambió el paisaje. En
que algunas cadenas no atan, sostienen. Y sin ellas me deshacía en intemperie.
En que volver no es rendirse: es reclamarle al hueco la corona que dejé tirada.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí amar sin
escudo.
En que las armaduras me pesaban más que las heridas. En dejar
la puerta del pecho abierta para que entrara el invierno completo si quería. En
confundir desnudez con valentía: creí que sangrar en público dolía menos que
oxidarme por dentro. En que un dios sin fe también necesita que lo miren sin
pedirle milagros.
No sé en qué estaba pensando
cuando... Decidí romper el
espejo.
En que mi reflejo ya me repetía como si fuera cualquiera. En
quebrar la cara que me obedecía para ver qué otras me habitaban. En preferir
mil astillas en el suelo a una mentira entera en la pared. En que algunos
rostros solo aparecen cuando los buscas entre ruinas.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí nombrarte.
En que el silencio te quedaba impune y mi vacío exigía
cómplices. En invocar al abismo con tu sílaba para ver si así respondía. En que
hay nombres que no se dicen: se fundan. Y el tuyo me fundó una ciudad sin
salida en la boca.
Edgardoo Benítez
El Salvador
Hay recuerdos que uno guarda como si fueran....
hilos de una
trama antigua
nudos que el corazón desata
flores que en el alma
brotan
luces que la memoria guarda
canciones que el viento repite
melodías que el alma canta.
Asterión, el minotauro, se sentía prisionero en el laberinto. Un día, mientras Borges escribía, le contó historias de libertad. Asterión se sintió conmovido y le pidió ayuda para escapar. Borges dijo que la salida estaba dentro de él, en su pensamiento.
Juntos crearon una nueva realidad y se liberaron.
El tren
El niño lee en el periódico que la bomba había destruido toda
la población. Fue hasta entonces que se percató de que los pasajeros del tren
habían desaparecido. Se preguntó entonces quién manejaba la máquina. Y para
cerciorarse se tocó los brazos para ver si todavía él iba ahí.
El zapato solitario
La ciudad estaba vacía. Las calles, silenciosas. De repente,
un zapato abandonado comenzó a caminar... ¿hacia dónde?
La lluvia
La lluvia caía sobre la ciudad vacía. Un paraguas olvidado se
abrió solo, protegiendo a un pájaro muerto.
l
Pero el aroma a luz de luciérnaga
lo trajo de vuelta,
y en el silencio,
el recuerdo se apareció.
ll
Y en ese instante,
el tiempo se detuvo,
y solo quedó
la cicatriz del olvido.
lll
Como una hoja seca,
el recuerdo cayó,
y en el suelo del alma,
se quedó dormido.
lV
Pero el recuerdo llegó,
como una sombra en la noche,
y me hizo dudar
si alguna vez exististe.
V
Y en el espejo del alma,
se reflejó la nada,
y comprendiste
que nunca te fuiste.
Vl
El olvido es un río,
que fluye sin cesar,
pero el recuerdo es un lago,
Seís textos breves de La metamorfosis de Kafka
La Metamorfosis de Kafka
l
"¿Por qué me has condenado a esta forma, Kafka?" le
preguntó Gregor Samsa a su creador con voz de insecto. Kafka lo miró con ojos
tristes y respondió: "No te he condenado, Gregor. Solo he expuesto la
verdad que ya existía dentro de ti." Gregor se revolvió en su caparazón,
confundido. "¿Qué verdad?" Kafka se encogió de hombros. "La de
ser un extraño en tu propia vida."
La Metamorfosis de Kafka
ll
"¿Cómo te sientes, Gregor?" le preguntó Kafka a su
personaje, mientras se apoyaba en la puerta de la habitación. Gregor Samsa, con
su voz de insecto, respondió: "Me siento atrapado, Kafka. Atrapado en este
cuerpo que no es mío." Kafka asintió con la cabeza. "Eso es porque,
Gregor, la verdadera prisión no es el cuerpo, sino la mente."
La Metamorfosis de Kafka
lll
"¿Por qué no me dejan en paz?" susurró Gregor Samsa
a Kafka, mientras su familia lo rodeaba con horror. Kafka se acercó a él y le
susurró: "Es porque, Gregor, que ellos no pueden ver al hombre que una vez
fuiste. Solo ven al monstruo en que te has convertido." Gregor cerró sus
ojos de insecto, sintiendo la soledad y el aislamiento. "Entonces, ¿ya no
soy un hombre?" Kafka negó con la cabeza. "Eres más humano que nunca,
Gregor. Es solo que ya no te reconocen."
La Metamorfosis de Kafka
lll
"¿Qué pasará conmigo, Kafka?" preguntó Gregor
Samsa, mientras su cuerpo se debilitaba. Kafka lo miró con tristeza.
"Nada, Gregor. Simplemente dejarás de existir. Y ellos seguirán adelante,
como siempre." Gregor se quedó en silencio, reflexionando sobre la
indiferencia del mundo. "¿Eso es todo?" Kafka asintió. "Sí,
Gregor. Eso es todo."
La Metamorfosis de Kafka
lV
"¿Por qué me abandonaste, Kafka?" le preguntó
Gregor Samsa, mientras se sentía cada vez más débil. Kafka se acercó a él y le
susurró: "No te he abandonado, Gregor. Simplemente te he dejado ser."
Gregor cerró sus ojos de insecto, comprendiendo la cruel libertad de la
soledad.
La Metamorfosis de Kafka
V
Desparramé guirnaldas al llegar la brillantez del silencio.
Podía ver la oscuridad, escuchar el viento, palpar el frío en el húmedo rincón.
Cuando mis pies desnudos quisieron pisar fuerte y cualificar mi presencia en
este mundo, lloré. Valoré el aire que respiré por mis poros, que ahogados
bebían gotas del agua que resbalaba por el musgo.
Este es mi claustro, mi destierro, exilio voluntario y
eterno. Soy, atado a mis manos atadas. Esclavo de mis cadenas. Ojos cerrados y
abiertos, del silencio soy, del silencio me alimento.
Edgardo Benítez
Santa Ana, El Salvador
Después de un silencio (más de tres años), mi blog literario está de vuelta. Poemas, cuentos, reflexiones, historias para leer, sentir y compartir.
¡Te invito a leer y disfrutar!
En el laberinto de tu infancia rota,
donde las sombras bailaban y susurraban,
se reflejaba un miedo patológico,
una nimiedad era la semilla,
y el gigante del dolor despertaba con un rugido.
El calor de padres ausente era el viento
que sembraba la tormenta en tu alma;
ahora el miedo era un océano sin playas
que inundaba todo, ahogando la razón y la calma.
El alcohol era el barquito de papel,
que se hundía en el mar de la desesperanza,
un intento de escapar del naufragio
donde la psicosis era la única orilla,
y la libertad era solo un recuerdo.
En la angustiada noche desesperada,
se escuchaban voces que te gritaban:
"Amar al semejante y aceptarlo como es".
"Ese es el bálsamo, el bálsamo que abraza fuerte",
te gritaban también, con un tembloroso eco que encantaba hasta las sirenas.
La palabra, ese instrumento de doble filo, capaz de crear y destruir con la misma facilidad. ¿Qué sucede, entonces, cuando la palabra se vacía de significado, cuando se convierte en un murmullo hueco, en un eco sin sentido que se pierde en el vacío?
Es entonces cuando nos damos cuenta de que la palabra no es más que un vehículo, un medio para transmitir algo que la trasciende. Y si ese algo no está allí, si no hay un mensaje, una emoción, una idea que comunicar, entonces la palabra es solo un cascarón vacío, un espectro de lo que una vez fue.
La literatura, ese arte de la palabra, no es ajeno a esta crisis. Cuántos textos, cuántos poemas, cuántas novelas se escriben sin que haya nada que decir, sin que haya un corazón que late detrás de las palabras, un alma que se desborda en la página como un río desbordado. El jugo de la literatura se derrama sobre su adorable encanto, pero ¿dónde está el néctar que nos hace vibrar?
Un escritor debe tener un mensaje para transmitir, algo que decir, algo que compartir. No puede ser solo un ejercicio de estilo, un juego de palabras vacías, un baile de sombras en la pared. Debe haber una intención, una pasión, una idea que impulse la escritura como un viento huracanado. Pero, ¿no es acaso el escritor el que asesina a la Literatura cuando se conforma con la mediocridad, cuando sacrifica la verdad por la fama o el reconocimiento?
Como dice Borges en "El espejo y la máscara", la perfección de un poema es un arma de doble filo: refleja la verdad, pero también oculta la humanidad del poeta. La búsqueda de la perfección puede ser un sacrificio, un trueque de la autenticidad por una belleza estéril, un espejismo que nos aleja de la verdad más profunda.
Pero, ¿qué es lo que hace que una palabra, un texto, un poema sea válido? ¿Es acaso la forma en que se estructura, el ritmo que lleva, la rima que canta? No, no es solo eso. Es algo más profundo, algo que viene de dentro, algo que late como un corazón en la oscuridad. Es la pasión, la emoción, la idea que se quiere transmitir.
La perfección, entonces, es la muerte del escritor. Porque cuando se alcanza, ya no hay nada que descubrir, nada que explorar, nada que crear. El escritor se ha convertido en un reflejo de sí mismo, en un espejo que solo refleja la perfección, pero no la vida.
Así que, como escritor, no me engañaré. No me quedaré en la superficie, no me conformaré con la palabra vacía. Buscaré la esencia, la verdad, y si no la encuentro, callaré. Porque, al final, la palabra solo vale si tiene algo que decir, si tiene un alma que late detrás de ella. Y si no, ¿no será que he asesinado a la Literatura?
☼
alimentar al gentío. Del mismo modo, le brotó la tierra para esparcir en el mar.
Pero los hombres alardearon de ser gigantes y las plantitas se devastaron, se pudrieron cuando apenas nacían. Los agricultores se sintieron traicionados por aquel pecho que ahora germinaba plantas marchitas. En seguida vinieron las lágrimas, las hambrunas y las tristezas. Y comenzó la revuelta...
Y los muertos fueron devueltos a la tierra y las esperanzas lanzadas al mar.
☼
La única enfermedad mortal que existe es la que te mata.
Ahora comienzo a notar dificultades para respirar. Otra pérdida evidente de mis valores. Más temprano en la madrugada me di cuenta que las manos y piernas no respondían. Quizás es solo un momento y ya pasará. Resuelto a esperar cualquier evento nuevo, decidí hacer tiempo. Aunque instantes después me asaltaría la pregunta cómo haría para alcanzar la puerta y abrir al momento que alguien tocara.
La infusión de cascaras de plátano que bebí anoche para tener a raya los virus o bacterias parece no haber hecho efecto.
Ahora merma mi respiración. Recuerdo los loritos salvajes y las tórtolas que llegaban a los árboles del jardín. La casa en la ribera del rio.
El traspatio grande desde muy temprano permite la estancia de los gorriones que juguetean entre los damascos, los nísperos y esconderse entre las rosas, las higueras. Aquel lugar olía a tierra mojada y nube de la cima.
El aire se acaba, la mirada se nubla. Los ojos cerrados ya. Quizás nombrar la muerte sea poca cosa recordar a mis padres, mis hermanas, todos riendo. La voz de padre que bastaba ver el semblante para saber su imaginaria, su inteligencia. Madre hermética en su silencio.
Siempre respetando la palabra de mi padre, hijo de la educación militar y que a golpe de fuerza haría callar a todos. ¿Dónde estarán? ¿Por qué razón no vienen a mi puerta? Prefiero dormir y guardar silencio, es mejor guardar silencio.
☼
Qué lindo es no sentirte
Sé que te has ido, que estas paredes ya no respiran más tus cóleras y fastidios producidas por el ludo manejo de las vivencias.
Sé que ya no moras en mí, modestas palabras que bien le vendrían a la innombrable Muerte, a la insoluta Deidad que me ha acompañado en tu presencia, y me quedo aquí, por el momento, «sin ánimo pendenciero», a reír, a gozar, a renacer en Gloria por el descomunal placer que me produce tu ausencia bruta.
☼
La luna estaba puesta para colaborar con ellos, de manera suave iluminaba sus cuerpos que tomados de la mano caminaban despacio por la vereda solitaria.
El olor de la floresta les rondaba el olfato, y aunque el bosque era siempre su terruño preferido para acampar, a ella le hubiese gustado mejor, bajar por la ladera de la montaña y terminar la noche tirados en la playa para recibir el sol de la madrugada junto a las tibias olas del mar. Pero ya era demasiado tarde para reniegos y lamentos, de todas formas, desde allí tenían la vista del océano y la constante caída de estrellas fugaces que parecían hacer pasos de equilibrista de circo al caminar sobre la línea delgada del litoral que se dibujaba al horizonte.
Cuando la fogata ardía frente a ellos, ya sus cuerpos se fundían en movimientos compulsivos con la respiración agitada y sonidos guturales quejumbrosos.
Las estrellas continuaban desprendiéndose del cielo.
Breves y fugaces
☼En poco o nada ayuda una Filosofía que busca tu verdad relativa si esta nunca armoniza con la verdad absoluta. Llámese secta religiosa, política (Ideologías) o nada.
☼Para descansar bajo el sol es preferible continuar la marcha.
☼Para que alcance tiene que sobrar.
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☼
Edgardo Benítez
Santa Ana, El Salvador
Un día después
La herida Mi herida: un pozo árido donde el dolor se hunde, sin eco. No brota sangre: solo sombras que se alargan y envuelven a quien se i...