Edgardo Benítez
Hierro en la voluntad, hueso en la memoria: pensamiento, conciencia y evolución interior.
martes, 16 de junio de 2026
Bañándome en un río con Heráclito
Dicen que para imaginar no necesito nada. Que basta cerrar los ojos y listo: el mundo nuevo aparece.
Mienten.
Yo no imagino desde el vacío. Imagino desde el escombro.
Para soñar otro cauce, primero tuve que ahogarme en este. Para inventar un agua que no corte, primero tuve que sangrar con la piedra. La memoria me dejó el barro en las manos. La imaginación es solo el atrevimiento de meter los dedos y darle otra forma.
El recuerdo es mi biblioteca rota. Cada cristal en el suelo es una página. Cuando quiero imaginar, no miro al cielo: me agacho. Recojo un fragmento que aún arde y le pregunto: “¿y si no hubieras cortado?” “¿Y si hubieras sido ventana?”
Sin la cicatriz, no sabría inventar la caricia.
Sin el grito, no sabría imaginar el silencio que abraza.
Sin haberme perdido en el río de ayer, no podría dibujar el puente de mañana.
La llamita esa que no se apaga hace dos trabajos: con una mano sostiene el álbum de fotos que duelen, con la otra enciende la vela para ver qué más hay en el cuarto.
Heráclito tenía razón: no me baño dos veces en el mismo río.
Pero gracias a la memoria, puedo imaginarme bañándome en otro. Puedo cerrar los ojos, tocar la cicatriz del agua fría en mi piel, y decirle al río que no existe todavía: “te espero”.
Quizás, no, de seguro, imaginar es el acto más humilde.
Es reconocer que todo lo nuevo que creo está hecho de todo lo viejo que me pasó.
Es arrodillarme frente al barro de mi vida y susurrarle: “déjame intentarlo otra vez, pero distinto”.
La memoria me da las piedras.
La imaginación me da el coraje de lanzarlas al agua y ver qué ondas invento.
Y si no floto, al menos habré dibujado un círculo nuevo en el río.
domingo, 14 de junio de 2026
Tarde de nuevo
Llegué tarde a mi nacimiento.
el mundo ya estaba ocurriendo.
Las calles conocían sus nombres.
Los árboles habían aprendido a conversar con el viento.
Las piedras guardaban memoria de cosas que nunca sabré.
Desde entonces camino deprisa,
como quien intenta alcanzar
algo que sucedió
antes de llegar.
lunes, 8 de junio de 2026
Se olvidaron los afectos y se frunció el ceño. Mordieron la manzana tal fruta perversa, inocentes como candelabro en la noche de su velatorio. Imposible es no renegar del instante cuando encuentras cómplices amigos en pie de muerte.
Sollozaban, languidecían tan niños en cuna, a modo del encanto del jilguero.
Perfectos imbéciles.
Es la noche y los puños no se detenían, tal mariposas volaban, se mandaban a la mierda el pellejo y los ornamentos, y se allegaban las lágrimas, los llantos, las ofensas...
¿Quién dijo odio? o temor, o miedo a dañar al otro árbol caído.
Es tiempo baldío y necesario a la vez. Encuentro de dos que un día hundieron sus copas en risas amables, y ahora, los arrastra el soplo del resentimiento, del celo. ¿Quién se quedará con ella?, ¿el mejor postor?, ¿el que calza más vaina del machete?, ¿el que ensilla mejor su garañón y hace su mejor giro completo? ¿Quién se quedará con ella?, les pregunto, si ambos son igual de atolondrados. Son los mejores postores de la navaja, cuchilleros empedernidos, los grandes dueños de la botella de guaro puro. ¿Quién se quedara con ella?, les pregunto de nuevo, ¿el que le ofrezca más rasguños en las paredes de la celda? ¿El que escriba más cruces en las entradas del panteón?
¡Imbéciles!
Permítanle a ella que decida y diga, a quién de los dos, le extenderá el brazo para caminar por la ciudad, para quién soltará su cabello antes de acostarse y a quién le dará sus labios en noches de pasión y lluvia.
Vaya postores. Desgraciados, tontos ingenuos, como la muerte viva.
¡Tercos!, ¡necios!, permitan que ella les diga la verdad. Así que no deben extrañarse cuando vean que ella venga hasta mis brazos y entonces puedan ustedes morir en paz, los dos.
martes, 26 de mayo de 2026
Alas para un vuelo cáustico
Aferrado
al mundo que me ha tocado vivir, voy. Agarrado a tus abrazos y a tus pequeñas
caricias insobornables.
Avanzo
enriquecido por el dulce sabor de tus entrañas y distingo en mí el noble azotar
del aleteo denso y hermoso de mi ignorancia.
Bendita
ignorancia la mía.
Ignorancia
que ilumina mis pasos y consagra mis madrugadas. Ignorancia ardiente como
luciérnaga en el día, como antorcha encerrada y derretida.
¿Qué
sería de mí sin la nobleza de mi ignorancia? ¿Qué haría en mis despertares si
no tuviera alas para emprender el vuelo?
Nada más
permanecería que el tedio y la soberbia de creer comprendido el mundo.
Por eso
reconozco mi osadía al decirlo de pie y con el rostro de frente ante la cascada
que cae desde la montaña.
Sé que
lleno mis labios de asombro ante esta tromba de verdades que deslizan sobre mi
piel.
Y aun
así, prefiero avanzar como un sonriente ignorante de las cosas.
Porque
quizá mis alas nacieron precisamente allí:
en
aquello que jamás terminaré de comprender.
lunes, 25 de mayo de 2026
El prisma
Un prisma imaginario en
el espacio multiplica un
rayo de luz. Entonces comprendemos que el arcoíris es ficción: no brilla con
luz propia.
Quizá la Literatura tampoco.
Un prisma literario multiplica palabras, imágenes
y sentimientos que antes no existían o que dormían escondidos en alguna región
del pensamiento.
La brisa podría ser el pasaje hacia la locura o
hacia la sensibilidad natural. Por eso los escritores respiran ciertas noches
como si fueran revelaciones y hacen votos secretos para que ese estado no
termine nunca.
Entonces aparecen las imágenes.
Una flor roja que exalta las virtudes de la rosa
sin ser todavía una rosa.
La noche frente al mar. Una luna blanca y
excesiva. Una muñeca de tusa tomada de la mano y mirando las olas como si
hubiese olvidado su nombre.
El pelo suelto de ella cayendo como cascada sobre
el pecho y el rostro mientras los pétalos los acunan.
Quizá el color rojo nació así.
Quizá también el olor de la rosa.
Y quizá la Literatura no sea otra cosa que el
instante en que la realidad atraviesa un prisma y comienza a arder dentro de
alguien.
domingo, 24 de mayo de 2026
Algunos jamás escribieron un poema y aun así fueron poesía
Antes del ser humano, la poesía ya era.
No hablo del poema. El poema vino después: cuando alguien intentó traducir una mínima parte de aquello que ya respiraba en el mundo.
La poesía no nació en la página. Tampoco en la boca del poeta. Estaba en la piedra, en el sonido, en el silencio y en la respiración antes de recibir nombre.
La poesía ocurre en instantes que el poeta alcanza a colocar entre el sonido y el silencio.
El poeta no crea la poesía. Apenas la reconoce.
Algunos jamás escribieron un poema y aun así fueron poesía.
Del poeta pueden asesinar el poema, pero no la poesía.
Porque la poesía no pertenece al papel. Permanece aun cuando nadie escribe.
Quizá por eso el ser humano es poesía por existir, mientras el poeta lo es por intentar plasmarla.
Y quizá también por eso nuestra madre nunca se llamó de otra forma.
Se llamaba poesía.
sábado, 23 de mayo de 2026
Hay encuentros que no pueden explicarse sin romperse.
Estos textos nacen de esa frontera: la del instante en que algo aparece apenas detrás de la realidad cotidiana. No hablo necesariamente de visiones ni de certezas, sino de presencias. Señales mínimas. Una respiración en la noche. Un mensaje. Un silencio que parece responder.
Me interesa escribir esos momentos sin convertirlos en doctrina. Mantenerlos humanos. Vulnerables. Como alguien que avanza con las manos vacías para demostrar que no viene a herir.
En estos poemas aparecen la tierra, el humo, la roca, la noche, porque necesito que lo extraño tenga materia. Que pueda tocarse. Que deje marcas pequeñas: un corazón estampado en el vidrio, unos pasos sin camino, una figura apenas visible detrás de una roca gris.
Quizá todos estos textos hablan de lo mismo: la búsqueda de una presencia que no termina de revelarse y, aun así, transforma a quien la busca.
No intento explicar lo desconocido.
Solo acercarme.
Sin huellas
Camino sobre la tierra
sin dejar huellas.
Perdí interés
por guardar el agua.
Vivo en el mundo
sin poseer nada.
Mi corazón late.
Detrás de la roca gris
te vi.
Manos
La claridad de la noche
dejaba ver.
Con dificultad.
Te buscaba.
Algo respiraba.
No corrí.
Te mostré las manos
para que vieras
que no estaba armado.
La cita
Me buscas.
Llegaron los mensajes.
Señal recibida.
Iré.
Pasos
Hay tierra.Un paso.
No hay camino.
Otro paso.
No hay nombre.
Llego.
Me arrodillo.
Lloro.
Cenicero
Yo dejé de fumar.
Pero no por eso.
El vidrio
se abría en dos.
A veces,
un corazón
quedaba estampado.
El humo
subía.
No todo
lo que sube
baja.
sábado, 16 de mayo de 2026
Social
Hay lugares donde la vida no ocurre: se repite.
Una fila.
Una mesa.
Un mitin.
Una boda.
Un turno que no termina.
Me interesa ese instante en que las personas parecen quedarse
dentro de una mecánica más grande que ellas mismas. No como símbolo
grandilocuente ni como discurso político directo, sino como escenas mínimas
donde el cansancio, la espera, el poder o la costumbre dejan pequeñas fisuras
visibles.
Estos textos nacen de mirar cuerpos en espacios cotidianos:
alguien que espera, alguien que firma, alguien que habla sin escuchar, alguien
que permanece porque no tiene otro lugar hacia dónde ir.
Intento escribir desde la contención. Quitar antes que
explicar. Mostrar antes que concluir.
Quizá por eso estos poemas no buscan resolver nada. Solo
detenerse un momento en aquello que sigue funcionando incluso cuando ya parece
vacío.
Fila
Es el último.
Siempre fue el último.
Ventanas cerradas.
Voces delante.
El número se borra.
Tosen.
¿Cerrado?
La mano en el vidrio
aguanta.
¿Abren?
Espera.
Lista de invitados
Comida.
Bebida.
Boquitas.
Música.
El anillo.
El vestido.
El ramo.
Silencio.
Mitin
En el parque,
habla.
El pueblo,
calla.
Una mosca
en la boca.
Calla.
Sesión
Saco.
Corbata.
Luces rojas.
Alcohol.
Mujeres.
La mano
firma.
Fondos públicos.
Pagado.
Orden de llegada
Primero, existe.
El cuerpo en la silla.
Respira.
Todavía.
Luego, vive.
La fila.
La hora.
La palabra
pesando en la boca.
Pienso.
Tiemblo.
Descartes
sin fila.
Turno
Cliente
sobre la mesa.
Trago servido.
Boca abierta.
Ella
no lo mira.
La música.
La cabeza
siguiendo el ritmo.
Otra canción.
Nadie
se va.
lunes, 4 de mayo de 2026
Publicaciones
para Poémame
https://comunidad.poemame.com/
Remiendos
— Entre grietas y remiendos
Escribo
desde lo mínimo.
No
desde la historia,
sino
desde el punto donde algo se rompe
o
insiste.
Una
grieta.
Un
trapo.
Óxido.
Un
hilo.
No
explico.
Quito.
Quito
hasta que la palabra
deja
de decir
y
empieza a sostener.
No
busco cerrar la herida.
Ni
nombrar su causa.
Me
interesa lo que queda:
lo
que sigue
aun
cuando ya no es intacto.
Estos
textos no resuelven.
No
consuelan.
Se
detienen.
En
lo roto.
En
lo que asoma.
En
lo que insiste.
Porque
a veces
lo
único verdadero
es
aquello que,
sin
permiso,
permanece.
La
herida
Mi
herida: un pozo árido
donde
el dolor se hunde, sin eco.
No
brota sangre:
solo
sombras que se alargan
y
envuelven a quien se inclina.
Hoy
acerqué el oído al fondo.
Y
habló.
Una
voz dijo mi nombre de niño.
Otra
confesó lo que no he perdonado.
Y
otra dijo: cuándo volverás.
Mi
herida es un hueco que nadie llena.
Y,
en su vacío,
también
soy dios,
—también
soy el que escucha.
De
trapo
Me
pone a elegir
entre
la soga
y
el precipicio.
La
soga cede.
El
abismo no tiene fondo.
Soy
de trapo.
Me
lanza contra la pared.
Caigo.
No
me rompo.
Su
madre lo llama.
El
hilo de mi brazo
se
queda en su mano.
Desde
el suelo
miro
la puerta
por
donde se va
el
niño
Simple
Hay
sol.
Lo
sientes.
Tienes
hilo.
Duele
hoy.
Mañana
cose.
Sigues
de trapo.
domingo, 19 de abril de 2026
miércoles, 15 de abril de 2026
Bitácora de un exilio interior
Nota:
Estos textos son ejercicios de surrealismo breve. Parten de
la frase “no sé en qué estaba pensando cuando...” para explorar decisiones
límite —irnos, amar, romper, volver— desde un lugar simbólico, no literal. Uso
imágenes como el pozo y el exilio interior para hablar de identidad y vacío. No
buscan explicar, sino provocar una lectura más intuitiva. Los comparto aquí
porque El baúl es donde guardamos lo que no termina de caber en otra parte.
Texto breve
No sé en qué estaba pensando cuando decidí hacer amigos.
En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró
gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí
que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios.
Texto completo
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí hacer amigos.
En que mis monstruos estaban criando polvo de tanto conversar
solos. En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con
hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que
poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios. En que a veces
uno invita testigos para no ser el único condenado por su sed.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí irme de la
casa.
En que las llaves ya no abrían, solo confirmaban la jaula. En
que el silencio de esas paredes tenía mi voz y no me gustaba cómo sonaba. En
mudarme al intemperie porque el techo me censuraba las estrellas. En que hay
exilios que no huyen: fundan. Y mi exilio llevaba mi nombre tallado en la
maleta vacía.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí perdonar.
En que el rencor ocupaba demasiado espacio en el pozo y ya no
cabía yo. En que absolver al otro era la única forma de dejar de ser su
carcelero y el reo. En confundir olvido con cirugía: corté el nudo pero la
cicatriz aún sabe su nombre. En que a veces perdonar no salva al otro: desaloja
el templo para que el dios respire solo.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí callar.
En que las palabras se me estaban volviendo de cualquiera y
mi vacío no negocia con plebeyos. En darle el turno al eco para ver si decía
algo que yo no me atrevía. En que el silencio también muerde, pero no deja
saliva ajena en la herida. En fundar un país donde la única ley es no traducir
el abismo.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí volver.
En que el exilio me quedaba grande y el pozo original me
quedaba exacto. En que irse no mató al monstruo: solo le cambió el paisaje. En
que algunas cadenas no atan, sostienen. Y sin ellas me deshacía en intemperie.
En que volver no es rendirse: es reclamarle al hueco la corona que dejé tirada.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí amar sin
escudo.
En que las armaduras me pesaban más que las heridas. En dejar
la puerta del pecho abierta para que entrara el invierno completo si quería. En
confundir desnudez con valentía: creí que sangrar en público dolía menos que
oxidarme por dentro. En que un dios sin fe también necesita que lo miren sin
pedirle milagros.
No sé en qué estaba pensando
cuando... Decidí romper el
espejo.
En que mi reflejo ya me repetía como si fuera cualquiera. En
quebrar la cara que me obedecía para ver qué otras me habitaban. En preferir
mil astillas en el suelo a una mentira entera en la pared. En que algunos
rostros solo aparecen cuando los buscas entre ruinas.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí nombrarte.
En que el silencio te quedaba impune y mi vacío exigía
cómplices. En invocar al abismo con tu sílaba para ver si así respondía. En que
hay nombres que no se dicen: se fundan. Y el tuyo me fundó una ciudad sin
salida en la boca.
Edgardoo Benítez
El Salvador
Bañándome en un río con Heráclito
Dicen que para imaginar no necesito nada. Que basta cerrar los ojos y listo: el mundo nuevo aparece. Mienten. Yo no imagino desde el vacío. ...
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☼ Del pecho le brotaron matas de maíz. Eran para alimentar al gentío. Del mismo modo, le brotó la tierra para esparcir en el mar. Pero los...
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La Muerte del Escritor: Un Ensayo sobre la Creación Literaria La palabra, ese instrumento de doble filo, capaz de crear y destruir con la ...











