Social
Hay lugares donde la vida no ocurre: se repite.
Una fila.
Una mesa.
Un mitin.
Una boda.
Un turno que no termina.
Me interesa ese instante en que las personas parecen quedarse
dentro de una mecánica más grande que ellas mismas. No como símbolo
grandilocuente ni como discurso político directo, sino como escenas mínimas
donde el cansancio, la espera, el poder o la costumbre dejan pequeñas fisuras
visibles.
Estos textos nacen de mirar cuerpos en espacios cotidianos:
alguien que espera, alguien que firma, alguien que habla sin escuchar, alguien
que permanece porque no tiene otro lugar hacia dónde ir.
Intento escribir desde la contención. Quitar antes que
explicar. Mostrar antes que concluir.
Quizá por eso estos poemas no buscan resolver nada. Solo
detenerse un momento en aquello que sigue funcionando incluso cuando ya parece
vacío.
Fila
Es el último.
Siempre fue el último.
Ventanas cerradas.
Voces delante.
El número se borra.
Tosen.
¿Cerrado?
La mano en el vidrio
aguanta.
¿Abren?
Espera.
Lista de invitados
Comida.
Bebida.
Boquitas.
Música.
El anillo.
El vestido.
El ramo.
Silencio.
Mitin
En el parque,
habla.
El pueblo,
calla.
Una mosca
en la boca.
Calla.
Sesión
Saco.
Corbata.
Luces rojas.
Alcohol.
Mujeres.
La mano
firma.
Fondos públicos.
Pagado.
Orden de llegada
Primero, existe.
El cuerpo en la silla.
Respira.
Todavía.
Luego, vive.
La fila.
La hora.
La palabra
pesando en la boca.
Pienso.
Tiemblo.
Descartes
sin fila.
Turno
Cliente
sobre la mesa.
Trago servido.
Boca abierta.
Ella
no lo mira.
La música.
La cabeza
siguiendo el ritmo.
Otra canción.
Nadie
se va.












