Luciérnagas
en el día
Edgardo
Benítez
No fuimos
diseñados para vivir en el pasado. O acaso yo pudiese oír el sonido de ayer, o
podrías tú escuchar el sonido de mañana, claro que no.
Tenemos
la capacidad natural de vivir el presente, lo demás es la argucia de nuestra
memoria que puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra.
Hasta hoy
hemos caminado esclavos de nosotros mismos por no comprender la interioridad
del instante, de la interioridad de dios, de nosotros mismos, en consecuencia, en
los 7000 millones de seres humanos que somos no hay uno que pueda gobernar su
pensamiento, no hay uno solo que no pueda comprender que nos dejamos robar a dios,
nos dejamos robar la interioridad de dios, ya sea por negocio, por deseo de
poder o por lo que sea.
No es
cierto que el ser humano envejezca, envejecemos por la manera equivocada de
pensar, envejecemos porque tenemos miedo.
Tampoco
es cierto que exista la muerte. Como final de un todo, no es verdad, lo que existe
es el final de la vida.
¿Sufrimos entonces por qué? Es la pobreza de
nuestro pensamiento, por la ausencia de pensar, por no pensar en ayudar al
semejante.
No hay
nada en la tormenta por fuerte que esta sea que pueda doblegarnos, dependerá de
lo que pensamos y solo así podemos encontrar nuestra propia divinidad.
Solo
nosotros vemos lo que nos castiga, en consecuencia, nos convertimos en nuestro propio
juez, nuestro propio jurado, nuestro propio verdugo y al final terminamos
convirtiéndonos en nuestra propia guillotina.












