lunes, 8 de junio de 2026




 Viejas amistades

Se olvidaron los afectos y se frunció el ceño. Mordieron la manzana tal fruta perversa, inocentes como candelabro en la noche de su velatorio. Imposible es no renegar del instante cuando encuentras cómplices amigos en pie de muerte.

Sollozaban, languidecían tan niños en cuna, a modo del encanto del jilguero.

Perfectos imbéciles.

Es la noche y los puños no se detenían, tal mariposas volaban, se mandaban a la mierda el pellejo y los ornamentos, y se allegaban las lágrimas, los llantos, las ofensas...

¿Quién dijo odio? o temor, o miedo a dañar al otro árbol caído.

Es tiempo baldío y necesario a la vez. Encuentro de dos que un día hundieron sus copas en risas amables, y ahora, los arrastra el soplo del resentimiento, del celo. ¿Quién se quedará con ella?, ¿el mejor postor?, ¿el que calza más vaina del machete?, ¿el que ensilla mejor su garañón y hace su mejor giro completo? ¿Quién se quedará con ella?, les pregunto, si ambos son igual de atolondrados. Son los mejores postores de la navaja, cuchilleros empedernidos, los grandes dueños de la botella de guaro puro. ¿Quién se quedara con ella?, les pregunto de nuevo, ¿el que le ofrezca más rasguños en las paredes de la celda? ¿El que escriba más cruces en las entradas del panteón?

¡Imbéciles!

Permítanle a ella que decida y diga, a quién de los dos, le extenderá el brazo para caminar por la ciudad, para quién soltará su cabello antes de acostarse y a quién le dará sus labios en noches de pasión y lluvia.

Vaya postores. Desgraciados, tontos ingenuos, como la muerte viva.

¡Tercos!, ¡necios!, permitan que ella les diga la verdad. Así que no deben extrañarse cuando vean que ella venga hasta mis brazos y entonces puedan ustedes morir en paz, los dos.


martes, 26 de mayo de 2026

 


Alas para un vuelo cáustico

 

Aferrado al mundo que me ha tocado vivir, voy. Agarrado a tus abrazos y a tus pequeñas caricias insobornables.

 

Avanzo enriquecido por el dulce sabor de tus entrañas y distingo en mí el noble azotar del aleteo denso y hermoso de mi ignorancia.

 

Bendita ignorancia la mía.

 

Ignorancia que ilumina mis pasos y consagra mis madrugadas. Ignorancia ardiente como luciérnaga en el día, como antorcha encerrada y derretida.

 

¿Qué sería de mí sin la nobleza de mi ignorancia? ¿Qué haría en mis despertares si no tuviera alas para emprender el vuelo?

 

Nada más permanecería que el tedio y la soberbia de creer comprendido el mundo.

 

Por eso reconozco mi osadía al decirlo de pie y con el rostro de frente ante la cascada que cae desde la montaña.

 

Sé que lleno mis labios de asombro ante esta tromba de verdades que deslizan sobre mi piel.

 

Y aun así, prefiero avanzar como un sonriente ignorante de las cosas.

 

Porque quizá mis alas nacieron precisamente allí:

 

en aquello que jamás terminaré de comprender.

lunes, 25 de mayo de 2026

 

El prisma

 

Un prisma imaginario en
el espacio multiplica un rayo de luz. Entonces comprendemos que el arcoíris es ficción: no brilla con luz propia.

 

Quizá la Literatura tampoco.

 

Un prisma literario multiplica palabras, imágenes y sentimientos que antes no existían o que dormían escondidos en alguna región del pensamiento.

 

La brisa podría ser el pasaje hacia la locura o hacia la sensibilidad natural. Por eso los escritores respiran ciertas noches como si fueran revelaciones y hacen votos secretos para que ese estado no termine nunca.

 

Entonces aparecen las imágenes.

 

Una flor roja que exalta las virtudes de la rosa sin ser todavía una rosa.

 

La noche frente al mar. Una luna blanca y excesiva. Una muñeca de tusa tomada de la mano y mirando las olas como si hubiese olvidado su nombre.

 

El pelo suelto de ella cayendo como cascada sobre el pecho y el rostro mientras los pétalos los acunan.

 

Quizá el color rojo nació así.

 

Quizá también el olor de la rosa.

 

Y quizá la Literatura no sea otra cosa que el instante en que la realidad atraviesa un prisma y comienza a arder dentro de alguien.

domingo, 24 de mayo de 2026

 

Algunos jamás escribieron un poema y aun así fueron poesía



Antes del ser humano, la poesía ya era.
No hablo del poema. El poema vino después: cuando alguien intentó traducir una mínima parte de aquello que ya respiraba en el mundo.
La poesía no nació en la página. Tampoco en la boca del poeta. Estaba en la piedra, en el sonido, en el silencio y en la respiración antes de recibir nombre.
La poesía ocurre en instantes que el poeta alcanza a colocar entre el sonido y el silencio.
El poeta no crea la poesía. Apenas la reconoce.
Algunos jamás escribieron un poema y aun así fueron poesía.
Del poeta pueden asesinar el poema, pero no la poesía.
Porque la poesía no pertenece al papel. Permanece aun cuando nadie escribe.
Quizá por eso el ser humano es poesía por existir, mientras el poeta lo es por intentar plasmarla.
Y quizá también por eso nuestra madre nunca se llamó de otra forma.
Se llamaba poesía.

sábado, 23 de mayo de 2026

 Hay encuentros que no pueden explicarse sin romperse.

Estos textos nacen de esa frontera: la del instante en que algo aparece apenas detrás de la realidad cotidiana. No hablo necesariamente de visiones ni de certezas, sino de presencias. Señales mínimas. Una respiración en la noche. Un mensaje. Un silencio que parece responder.

Me interesa escribir esos momentos sin convertirlos en doctrina. Mantenerlos humanos. Vulnerables. Como alguien que avanza con las manos vacías para demostrar que no viene a herir.

En estos poemas aparecen la tierra, el humo, la roca, la noche, porque necesito que lo extraño tenga materia. Que pueda tocarse. Que deje marcas pequeñas: un corazón estampado en el vidrio, unos pasos sin camino, una figura apenas visible detrás de una roca gris.

Quizá todos estos textos hablan de lo mismo: la búsqueda de una presencia que no termina de revelarse y, aun así, transforma a quien la busca.

No intento explicar lo desconocido.
Solo acercarme.


Sin huellas

Camino sobre la tierra
sin dejar huellas.

Perdí interés
por guardar el agua.

Vivo en el mundo
sin poseer nada.

Mi corazón late.

Detrás de la roca gris
te vi.


Manos

La claridad de la noche
dejaba ver.

Con dificultad.

Te buscaba.

Algo respiraba.

No corrí.

Te mostré las manos
para que vieras
que no estaba armado.


La cita

Me buscas.

Llegaron los mensajes.

Señal recibida.

Iré.


Pasos

Hay tierra.Un paso.

No hay camino.

Otro paso.

No hay nombre.

Llego.

Me arrodillo.

Lloro.


Cenicero

Yo dejé de fumar.

Pero no por eso.

El vidrio
se abría en dos.

A veces,
un corazón
quedaba estampado.

El humo
subía.

No todo
lo que sube
baja.


sábado, 16 de mayo de 2026

 

 




Social

Hay lugares donde la vida no ocurre: se repite.

 

Una fila.

Una mesa.

Un mitin.

Una boda.

Un turno que no termina.

 

Me interesa ese instante en que las personas parecen quedarse dentro de una mecánica más grande que ellas mismas. No como símbolo grandilocuente ni como discurso político directo, sino como escenas mínimas donde el cansancio, la espera, el poder o la costumbre dejan pequeñas fisuras visibles.

 

Estos textos nacen de mirar cuerpos en espacios cotidianos: alguien que espera, alguien que firma, alguien que habla sin escuchar, alguien que permanece porque no tiene otro lugar hacia dónde ir.

 

Intento escribir desde la contención. Quitar antes que explicar. Mostrar antes que concluir.

 

Quizá por eso estos poemas no buscan resolver nada. Solo detenerse un momento en aquello que sigue funcionando incluso cuando ya parece vacío.

 

Fila


 

Es el último.

Siempre fue el último.

 

Ventanas cerradas.

Voces delante.

 

El número se borra.

 

Tosen.

¿Cerrado?

 

La mano en el vidrio

aguanta.

 

¿Abren?

Espera.

 

Lista de invitados

 

Comida.

Bebida.

Boquitas.

Música.

 

El anillo.

El vestido.

El ramo.

 

Silencio.

 

Mitin

 

En el parque,

habla.

 

El pueblo,

calla.

 

Una mosca

en la boca.

 

Calla.

 

Sesión

 

Saco.

Corbata.

 

Luces rojas.

 

Alcohol.

Mujeres.

 

La mano

firma.

 

Fondos públicos.

 

Pagado.

 

Orden de llegada

 

Primero, existe.

 

El cuerpo en la silla.

Respira.

Todavía.

 

Luego, vive.

 

La fila.

La hora.

La palabra

pesando en la boca.

 

Pienso.

Tiemblo.

 

Descartes

sin fila.

 

Turno

 

Cliente

sobre la mesa.

 

Trago servido.

Boca abierta.

 

Ella

no lo mira.

 

La música.

La cabeza

siguiendo el ritmo.

 

Otra canción.

 

Nadie

se va.

lunes, 4 de mayo de 2026





 

Publicaciones para Poémame

 

https://comunidad.poemame.com/

Remiendos — Entre grietas y remiendos

Escribo desde lo mínimo.

No desde la historia,

sino desde el punto donde algo se rompe

o insiste.

Una grieta.

Un trapo.

Óxido.

Un hilo.

No explico.

Quito.

Quito hasta que la palabra

deja de decir

y empieza a sostener.

No busco cerrar la herida.

Ni nombrar su causa.

Me interesa lo que queda:

lo que sigue

aun cuando ya no es intacto.

Estos textos no resuelven.

No consuelan.

Se detienen.

En lo roto.

En lo que asoma.

En lo que insiste.

Porque a veces

lo único verdadero

es aquello que,

sin permiso,

permanece.

 

La herida

Mi herida: un pozo árido

donde el dolor se hunde, sin eco.

No brota sangre:

solo sombras que se alargan

y envuelven a quien se inclina.

Hoy acerqué el oído al fondo.

Y habló.

Una voz dijo mi nombre de niño.

Otra confesó lo que no he perdonado.

Y otra dijo: cuándo volverás.

Mi herida es un hueco que nadie llena.

Y, en su vacío,

también soy dios,

—también soy el que escucha.

 

De trapo

 

Me pone a elegir

entre la soga

y el precipicio.

La soga cede.

El abismo no tiene fondo.

Soy de trapo.

Me lanza contra la pared.

Caigo.

No me rompo.

Su madre lo llama.

El hilo de mi brazo

se queda en su mano.

Desde el suelo

miro la puerta

por donde se va

el niño

 

Simple

Hay sol.

Lo sientes.

Tienes hilo.

Duele hoy.

Mañana cose.

Sigues de trapo.

 


domingo, 19 de abril de 2026


 


La herida

Mi herida: un pozo árido
donde el dolor se hunde, sin eco.
No brota sangre:
solo sombras que se alargan
y envuelven a quien se inclina.
Hoy acerqué el oído al fondo.
Y habló.
Una voz dijo mi nombre de niño.
Otra confesó lo que no he perdonado.
Y otra dijo: cuándo volverás.
Mi herida es un hueco que nadie llena.
Y, en su vacío,
también soy dios,
—también soy el que escucha.


miércoles, 15 de abril de 2026

 

 

 

Bitácora de un exilio interior

 

Nota:

Estos textos son ejercicios de surrealismo breve. Parten de la frase “no sé en qué estaba pensando cuando...” para explorar decisiones límite —irnos, amar, romper, volver— desde un lugar simbólico, no literal. Uso imágenes como el pozo y el exilio interior para hablar de identidad y vacío. No buscan explicar, sino provocar una lectura más intuitiva. Los comparto aquí porque El baúl es donde guardamos lo que no termina de caber en otra parte.

 

Texto breve

No sé en qué estaba pensando cuando decidí hacer amigos.

En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios.

 

Texto completo

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí hacer amigos.

En que mis monstruos estaban criando polvo de tanto conversar solos. En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios. En que a veces uno invita testigos para no ser el único condenado por su sed.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí irme de la casa.

En que las llaves ya no abrían, solo confirmaban la jaula. En que el silencio de esas paredes tenía mi voz y no me gustaba cómo sonaba. En mudarme al intemperie porque el techo me censuraba las estrellas. En que hay exilios que no huyen: fundan. Y mi exilio llevaba mi nombre tallado en la maleta vacía.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí perdonar.

En que el rencor ocupaba demasiado espacio en el pozo y ya no cabía yo. En que absolver al otro era la única forma de dejar de ser su carcelero y el reo. En confundir olvido con cirugía: corté el nudo pero la cicatriz aún sabe su nombre. En que a veces perdonar no salva al otro: desaloja el templo para que el dios respire solo.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí callar.

En que las palabras se me estaban volviendo de cualquiera y mi vacío no negocia con plebeyos. En darle el turno al eco para ver si decía algo que yo no me atrevía. En que el silencio también muerde, pero no deja saliva ajena en la herida. En fundar un país donde la única ley es no traducir el abismo.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí volver.

En que el exilio me quedaba grande y el pozo original me quedaba exacto. En que irse no mató al monstruo: solo le cambió el paisaje. En que algunas cadenas no atan, sostienen. Y sin ellas me deshacía en intemperie. En que volver no es rendirse: es reclamarle al hueco la corona que dejé tirada.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí amar sin escudo.

En que las armaduras me pesaban más que las heridas. En dejar la puerta del pecho abierta para que entrara el invierno completo si quería. En confundir desnudez con valentía: creí que sangrar en público dolía menos que oxidarme por dentro. En que un dios sin fe también necesita que lo miren sin pedirle milagros.

 

No sé en qué estaba pensando
cuando... Decidí romper el espejo.

En que mi reflejo ya me repetía como si fuera cualquiera. En quebrar la cara que me obedecía para ver qué otras me habitaban. En preferir mil astillas en el suelo a una mentira entera en la pared. En que algunos rostros solo aparecen cuando los buscas entre ruinas.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí nombrarte.

En que el silencio te quedaba impune y mi vacío exigía cómplices. En invocar al abismo con tu sílaba para ver si así respondía. En que hay nombres que no se dicen: se fundan. Y el tuyo me fundó una ciudad sin salida en la boca.

Edgardoo Benítez

El Salvador

domingo, 12 de abril de 2026

 

 

Hay recuerdos que uno guarda como si fueran.... 

hilos de una trama antigua 

 

nudos que el corazón desata

 

 flores que en el alma brotan 

 

luces que la memoria guarda 

 

canciones que el viento repite 

 

melodías que el alma canta.


 

 

 


Asterión de Borges 

Asterión, el minotauro, se sentía prisionero en el laberinto. Un día, mientras Borges escribía, le contó historias de libertad. Asterión se sintió conmovido y le pidió ayuda para escapar. Borges dijo que la salida estaba dentro de él, en su pensamiento. 

Juntos crearon una nueva realidad y se liberaron. 

 

El tren

 

El niño lee en el periódico que la bomba había destruido toda la población. Fue hasta entonces que se percató de que los pasajeros del tren habían desaparecido. Se preguntó entonces quién manejaba la máquina. Y para cerciorarse se tocó los brazos para ver si todavía él iba ahí.

 

El zapato solitario

 

La ciudad estaba vacía. Las calles, silenciosas. De repente, un zapato abandonado comenzó a caminar... ¿hacia dónde?

 

La lluvia

 

La lluvia caía sobre la ciudad vacía. Un paraguas olvidado se abrió solo, protegiendo a un pájaro muerto.

 Edgardo Benítez

El Salvador

 

 

 

sábado, 11 de abril de 2026



                                             Pensé que había olvidado aquel día...

l


Pero el aroma a luz de luciérnaga

lo trajo de vuelta,

y en el silencio,

el recuerdo se apareció.

ll

Y en ese instante,

el tiempo se detuvo,

y solo quedó

la cicatriz del olvido.

lll

Como una hoja seca,

el recuerdo cayó,

y en el suelo del alma,

se quedó dormido.

lV

Pero el recuerdo llegó,

como una sombra en la noche,

y me hizo dudar

si alguna vez exististe.

V

 

Y en el espejo del alma,

se reflejó la nada,

y comprendiste

que nunca te fuiste.

Vl

El olvido es un río,

que fluye sin cesar,



pero el recuerdo es un lago,

                                                                 donde el tiempo juguetea.

Edgardo Benitez

 Viejas amistades Se olvidaron los afectos y se frunció el ceño. Mordieron la manzana tal fruta perversa, inocentes como candelabro en la no...