sábado, 16 de mayo de 2026

 

 




Social

Hay lugares donde la vida no ocurre: se repite.

 

Una fila.

Una mesa.

Un mitin.

Una boda.

Un turno que no termina.

 

Me interesa ese instante en que las personas parecen quedarse dentro de una mecánica más grande que ellas mismas. No como símbolo grandilocuente ni como discurso político directo, sino como escenas mínimas donde el cansancio, la espera, el poder o la costumbre dejan pequeñas fisuras visibles.

 

Estos textos nacen de mirar cuerpos en espacios cotidianos: alguien que espera, alguien que firma, alguien que habla sin escuchar, alguien que permanece porque no tiene otro lugar hacia dónde ir.

 

Intento escribir desde la contención. Quitar antes que explicar. Mostrar antes que concluir.

 

Quizá por eso estos poemas no buscan resolver nada. Solo detenerse un momento en aquello que sigue funcionando incluso cuando ya parece vacío.

 

Fila

 

Es el último.

Siempre fue el último.

 

Ventanas cerradas.

Voces delante.

 

El número se borra.

 

Tosen.

¿Cerrado?

 

La mano en el vidrio

aguanta.

 

¿Abren?

Espera.

 

Lista de invitados

 

Comida.

Bebida.

Boquitas.

Música.

 

El anillo.

El vestido.

El ramo.

 

Silencio.

 

Mitin

 

En el parque,

habla.

 

El pueblo,

calla.

 

Una mosca

en la boca.

 

Calla.

 

Sesión

 

Saco.

Corbata.

 

Luces rojas.

 

Alcohol.

Mujeres.

 

La mano

firma.

 

Fondos públicos.

 

Pagado.

 

Orden de llegada

 

Primero, existe.

 

El cuerpo en la silla.

Respira.

Todavía.

 

Luego, vive.

 

La fila.

La hora.

La palabra

pesando en la boca.

 

Pienso.

Tiemblo.

 

Descartes

sin fila.

 

Turno

 

Cliente

sobre la mesa.

 

Trago servido.

Boca abierta.

 

Ella

no lo mira.

 

La música.

La cabeza

siguiendo el ritmo.

 

Otra canción.

 

Nadie

se va.

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