Hierro en la voluntad, hueso en la memoria: pensamiento, conciencia y evolución interior.
domingo, 19 de abril de 2026
miércoles, 15 de abril de 2026
Bitácora de un exilio interior
Nota:
Estos textos son ejercicios de surrealismo breve. Parten de
la frase “no sé en qué estaba pensando cuando...” para explorar decisiones
límite —irnos, amar, romper, volver— desde un lugar simbólico, no literal. Uso
imágenes como el pozo y el exilio interior para hablar de identidad y vacío. No
buscan explicar, sino provocar una lectura más intuitiva. Los comparto aquí
porque El baúl es donde guardamos lo que no termina de caber en otra parte.
Texto breve
No sé en qué estaba pensando cuando decidí hacer amigos.
En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró
gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí
que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios.
Texto completo
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí hacer amigos.
En que mis monstruos estaban criando polvo de tanto conversar
solos. En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con
hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que
poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios. En que a veces
uno invita testigos para no ser el único condenado por su sed.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí irme de la
casa.
En que las llaves ya no abrían, solo confirmaban la jaula. En
que el silencio de esas paredes tenía mi voz y no me gustaba cómo sonaba. En
mudarme al intemperie porque el techo me censuraba las estrellas. En que hay
exilios que no huyen: fundan. Y mi exilio llevaba mi nombre tallado en la
maleta vacía.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí perdonar.
En que el rencor ocupaba demasiado espacio en el pozo y ya no
cabía yo. En que absolver al otro era la única forma de dejar de ser su
carcelero y el reo. En confundir olvido con cirugía: corté el nudo pero la
cicatriz aún sabe su nombre. En que a veces perdonar no salva al otro: desaloja
el templo para que el dios respire solo.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí callar.
En que las palabras se me estaban volviendo de cualquiera y
mi vacío no negocia con plebeyos. En darle el turno al eco para ver si decía
algo que yo no me atrevía. En que el silencio también muerde, pero no deja
saliva ajena en la herida. En fundar un país donde la única ley es no traducir
el abismo.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí volver.
En que el exilio me quedaba grande y el pozo original me
quedaba exacto. En que irse no mató al monstruo: solo le cambió el paisaje. En
que algunas cadenas no atan, sostienen. Y sin ellas me deshacía en intemperie.
En que volver no es rendirse: es reclamarle al hueco la corona que dejé tirada.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí amar sin
escudo.
En que las armaduras me pesaban más que las heridas. En dejar
la puerta del pecho abierta para que entrara el invierno completo si quería. En
confundir desnudez con valentía: creí que sangrar en público dolía menos que
oxidarme por dentro. En que un dios sin fe también necesita que lo miren sin
pedirle milagros.
No sé en qué estaba pensando
cuando... Decidí romper el
espejo.
En que mi reflejo ya me repetía como si fuera cualquiera. En
quebrar la cara que me obedecía para ver qué otras me habitaban. En preferir
mil astillas en el suelo a una mentira entera en la pared. En que algunos
rostros solo aparecen cuando los buscas entre ruinas.
No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí nombrarte.
En que el silencio te quedaba impune y mi vacío exigía
cómplices. En invocar al abismo con tu sílaba para ver si así respondía. En que
hay nombres que no se dicen: se fundan. Y el tuyo me fundó una ciudad sin
salida en la boca.
Edgardoo Benítez
El Salvador
domingo, 12 de abril de 2026
Hay recuerdos que uno guarda como si fueran....
hilos de una
trama antigua
nudos que el corazón desata
flores que en el alma
brotan
luces que la memoria guarda
canciones que el viento repite
melodías que el alma canta.
Asterión de Borges
Asterión, el minotauro, se sentía prisionero en el laberinto. Un día, mientras Borges escribía, le contó historias de libertad. Asterión se sintió conmovido y le pidió ayuda para escapar. Borges dijo que la salida estaba dentro de él, en su pensamiento.
Juntos crearon una nueva realidad y se liberaron.
El tren
El niño lee en el periódico que la bomba había destruido toda
la población. Fue hasta entonces que se percató de que los pasajeros del tren
habían desaparecido. Se preguntó entonces quién manejaba la máquina. Y para
cerciorarse se tocó los brazos para ver si todavía él iba ahí.
El zapato solitario
La ciudad estaba vacía. Las calles, silenciosas. De repente,
un zapato abandonado comenzó a caminar... ¿hacia dónde?
La lluvia
La lluvia caía sobre la ciudad vacía. Un paraguas olvidado se
abrió solo, protegiendo a un pájaro muerto.
sábado, 11 de abril de 2026
l
Pero el aroma a luz de luciérnaga
lo trajo de vuelta,
y en el silencio,
el recuerdo se apareció.
ll
Y en ese instante,
el tiempo se detuvo,
y solo quedó
la cicatriz del olvido.
lll
Como una hoja seca,
el recuerdo cayó,
y en el suelo del alma,
se quedó dormido.
lV
Pero el recuerdo llegó,
como una sombra en la noche,
y me hizo dudar
si alguna vez exististe.
V
Y en el espejo del alma,
se reflejó la nada,
y comprendiste
que nunca te fuiste.
Vl
El olvido es un río,
que fluye sin cesar,
pero el recuerdo es un lago,
viernes, 10 de abril de 2026
Seís textos breves de La metamorfosis de Kafka
Seís textos breves de La metamorfosis de Kafka
La Metamorfosis de Kafka
l
"¿Por qué me has condenado a esta forma, Kafka?" le
preguntó Gregor Samsa a su creador con voz de insecto. Kafka lo miró con ojos
tristes y respondió: "No te he condenado, Gregor. Solo he expuesto la
verdad que ya existía dentro de ti." Gregor se revolvió en su caparazón,
confundido. "¿Qué verdad?" Kafka se encogió de hombros. "La de
ser un extraño en tu propia vida."
La Metamorfosis de Kafka
ll
"¿Cómo te sientes, Gregor?" le preguntó Kafka a su
personaje, mientras se apoyaba en la puerta de la habitación. Gregor Samsa, con
su voz de insecto, respondió: "Me siento atrapado, Kafka. Atrapado en este
cuerpo que no es mío." Kafka asintió con la cabeza. "Eso es porque,
Gregor, la verdadera prisión no es el cuerpo, sino la mente."
La Metamorfosis de Kafka
lll
"¿Por qué no me dejan en paz?" susurró Gregor Samsa
a Kafka, mientras su familia lo rodeaba con horror. Kafka se acercó a él y le
susurró: "Es porque, Gregor, que ellos no pueden ver al hombre que una vez
fuiste. Solo ven al monstruo en que te has convertido." Gregor cerró sus
ojos de insecto, sintiendo la soledad y el aislamiento. "Entonces, ¿ya no
soy un hombre?" Kafka negó con la cabeza. "Eres más humano que nunca,
Gregor. Es solo que ya no te reconocen."
La Metamorfosis de Kafka
lll
"¿Qué pasará conmigo, Kafka?" preguntó Gregor
Samsa, mientras su cuerpo se debilitaba. Kafka lo miró con tristeza.
"Nada, Gregor. Simplemente dejarás de existir. Y ellos seguirán adelante,
como siempre." Gregor se quedó en silencio, reflexionando sobre la
indiferencia del mundo. "¿Eso es todo?" Kafka asintió. "Sí,
Gregor. Eso es todo."
La Metamorfosis de Kafka
lV
"¿Por qué me abandonaste, Kafka?" le preguntó
Gregor Samsa, mientras se sentía cada vez más débil. Kafka se acercó a él y le
susurró: "No te he abandonado, Gregor. Simplemente te he dejado ser."
Gregor cerró sus ojos de insecto, comprendiendo la cruel libertad de la
soledad.
La Metamorfosis de Kafka
V
El prisma Un prisma imaginario en el espacio multiplica un rayo de luz. Entonces comprendemos que el arcoíris es ficción: no brilla ...
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☼ Del pecho le brotaron matas de maíz. Eran para alimentar al gentío. Del mismo modo, le brotó la tierra para esparcir en el mar. Pero los...
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La Muerte del Escritor: Un Ensayo sobre la Creación Literaria La palabra, ese instrumento de doble filo, capaz de crear y destruir con la ...





