l
Pero el aroma a luz de luciérnaga
lo trajo de vuelta,
y en el silencio,
el recuerdo se apareció.
ll
Y en ese instante,
el tiempo se detuvo,
y solo quedó
la cicatriz del olvido.
lll
Como una hoja seca,
el recuerdo cayó,
y en el suelo del alma,
se quedó dormido.
lV
Pero el recuerdo llegó,
como una sombra en la noche,
y me hizo dudar
si alguna vez exististe.
V
Y en el espejo del alma,
se reflejó la nada,
y comprendiste
que nunca te fuiste.
Vl
El olvido es un río,
que fluye sin cesar,
pero el recuerdo es un lago,
donde el tiempo juguetea.
Edgardo Benitez

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