martes, 26 de mayo de 2026

 


Alas para un vuelo cáustico

 

Aferrado al mundo que me ha tocado vivir, voy. Agarrado a tus abrazos y a tus pequeñas caricias insobornables.

 

Avanzo enriquecido por el dulce sabor de tus entrañas y distingo en mí el noble azotar del aleteo denso y hermoso de mi ignorancia.

 

Bendita ignorancia la mía.

 

Ignorancia que ilumina mis pasos y consagra mis madrugadas. Ignorancia ardiente como luciérnaga en el día, como antorcha encerrada y derretida.

 

¿Qué sería de mí sin la nobleza de mi ignorancia? ¿Qué haría en mis despertares si no tuviera alas para emprender el vuelo?

 

Nada más permanecería que el tedio y la soberbia de creer comprendido el mundo.

 

Por eso reconozco mi osadía al decirlo de pie y con el rostro de frente ante la cascada que cae desde la montaña.

 

Sé que lleno mis labios de asombro ante esta tromba de verdades que deslizan sobre mi piel.

 

Y aun así, prefiero avanzar como un sonriente ignorante de las cosas.

 

Porque quizá mis alas nacieron precisamente allí:

 

en aquello que jamás terminaré de comprender.

lunes, 25 de mayo de 2026

 

El prisma

 

Un prisma imaginario en
el espacio multiplica un rayo de luz. Entonces comprendemos que el arcoíris es ficción: no brilla con luz propia.

 

Quizá la Literatura tampoco.

 

Un prisma literario multiplica palabras, imágenes y sentimientos que antes no existían o que dormían escondidos en alguna región del pensamiento.

 

La brisa podría ser el pasaje hacia la locura o hacia la sensibilidad natural. Por eso los escritores respiran ciertas noches como si fueran revelaciones y hacen votos secretos para que ese estado no termine nunca.

 

Entonces aparecen las imágenes.

 

Una flor roja que exalta las virtudes de la rosa sin ser todavía una rosa.

 

La noche frente al mar. Una luna blanca y excesiva. Una muñeca de tusa tomada de la mano y mirando las olas como si hubiese olvidado su nombre.

 

El pelo suelto de ella cayendo como cascada sobre el pecho y el rostro mientras los pétalos los acunan.

 

Quizá el color rojo nació así.

 

Quizá también el olor de la rosa.

 

Y quizá la Literatura no sea otra cosa que el instante en que la realidad atraviesa un prisma y comienza a arder dentro de alguien.

domingo, 24 de mayo de 2026

 

Algunos jamás escribieron un poema y aun así fueron poesía



Antes del ser humano, la poesía ya era.
No hablo del poema. El poema vino después: cuando alguien intentó traducir una mínima parte de aquello que ya respiraba en el mundo.
La poesía no nació en la página. Tampoco en la boca del poeta. Estaba en la piedra, en el sonido, en el silencio y en la respiración antes de recibir nombre.
La poesía ocurre en instantes que el poeta alcanza a colocar entre el sonido y el silencio.
El poeta no crea la poesía. Apenas la reconoce.
Algunos jamás escribieron un poema y aun así fueron poesía.
Del poeta pueden asesinar el poema, pero no la poesía.
Porque la poesía no pertenece al papel. Permanece aun cuando nadie escribe.
Quizá por eso el ser humano es poesía por existir, mientras el poeta lo es por intentar plasmarla.
Y quizá también por eso nuestra madre nunca se llamó de otra forma.
Se llamaba poesía.

sábado, 23 de mayo de 2026

 Hay encuentros que no pueden explicarse sin romperse.

Estos textos nacen de esa frontera: la del instante en que algo aparece apenas detrás de la realidad cotidiana. No hablo necesariamente de visiones ni de certezas, sino de presencias. Señales mínimas. Una respiración en la noche. Un mensaje. Un silencio que parece responder.

Me interesa escribir esos momentos sin convertirlos en doctrina. Mantenerlos humanos. Vulnerables. Como alguien que avanza con las manos vacías para demostrar que no viene a herir.

En estos poemas aparecen la tierra, el humo, la roca, la noche, porque necesito que lo extraño tenga materia. Que pueda tocarse. Que deje marcas pequeñas: un corazón estampado en el vidrio, unos pasos sin camino, una figura apenas visible detrás de una roca gris.

Quizá todos estos textos hablan de lo mismo: la búsqueda de una presencia que no termina de revelarse y, aun así, transforma a quien la busca.

No intento explicar lo desconocido.
Solo acercarme.


Sin huellas

Camino sobre la tierra
sin dejar huellas.

Perdí interés
por guardar el agua.

Vivo en el mundo
sin poseer nada.

Mi corazón late.

Detrás de la roca gris
te vi.


Manos

La claridad de la noche
dejaba ver.

Con dificultad.

Te buscaba.

Algo respiraba.

No corrí.

Te mostré las manos
para que vieras
que no estaba armado.


La cita

Me buscas.

Llegaron los mensajes.

Señal recibida.

Iré.


Pasos

Hay tierra.Un paso.

No hay camino.

Otro paso.

No hay nombre.

Llego.

Me arrodillo.

Lloro.


Cenicero

Yo dejé de fumar.

Pero no por eso.

El vidrio
se abría en dos.

A veces,
un corazón
quedaba estampado.

El humo
subía.

No todo
lo que sube
baja.


sábado, 16 de mayo de 2026

 

 




Social

Hay lugares donde la vida no ocurre: se repite.

 

Una fila.

Una mesa.

Un mitin.

Una boda.

Un turno que no termina.

 

Me interesa ese instante en que las personas parecen quedarse dentro de una mecánica más grande que ellas mismas. No como símbolo grandilocuente ni como discurso político directo, sino como escenas mínimas donde el cansancio, la espera, el poder o la costumbre dejan pequeñas fisuras visibles.

 

Estos textos nacen de mirar cuerpos en espacios cotidianos: alguien que espera, alguien que firma, alguien que habla sin escuchar, alguien que permanece porque no tiene otro lugar hacia dónde ir.

 

Intento escribir desde la contención. Quitar antes que explicar. Mostrar antes que concluir.

 

Quizá por eso estos poemas no buscan resolver nada. Solo detenerse un momento en aquello que sigue funcionando incluso cuando ya parece vacío.

 

Fila


 

Es el último.

Siempre fue el último.

 

Ventanas cerradas.

Voces delante.

 

El número se borra.

 

Tosen.

¿Cerrado?

 

La mano en el vidrio

aguanta.

 

¿Abren?

Espera.

 

Lista de invitados

 

Comida.

Bebida.

Boquitas.

Música.

 

El anillo.

El vestido.

El ramo.

 

Silencio.

 

Mitin

 

En el parque,

habla.

 

El pueblo,

calla.

 

Una mosca

en la boca.

 

Calla.

 

Sesión

 

Saco.

Corbata.

 

Luces rojas.

 

Alcohol.

Mujeres.

 

La mano

firma.

 

Fondos públicos.

 

Pagado.

 

Orden de llegada

 

Primero, existe.

 

El cuerpo en la silla.

Respira.

Todavía.

 

Luego, vive.

 

La fila.

La hora.

La palabra

pesando en la boca.

 

Pienso.

Tiemblo.

 

Descartes

sin fila.

 

Turno

 

Cliente

sobre la mesa.

 

Trago servido.

Boca abierta.

 

Ella

no lo mira.

 

La música.

La cabeza

siguiendo el ritmo.

 

Otra canción.

 

Nadie

se va.

lunes, 4 de mayo de 2026





 

Publicaciones para Poémame

 

https://comunidad.poemame.com/

Remiendos — Entre grietas y remiendos

Escribo desde lo mínimo.

No desde la historia,

sino desde el punto donde algo se rompe

o insiste.

Una grieta.

Un trapo.

Óxido.

Un hilo.

No explico.

Quito.

Quito hasta que la palabra

deja de decir

y empieza a sostener.

No busco cerrar la herida.

Ni nombrar su causa.

Me interesa lo que queda:

lo que sigue

aun cuando ya no es intacto.

Estos textos no resuelven.

No consuelan.

Se detienen.

En lo roto.

En lo que asoma.

En lo que insiste.

Porque a veces

lo único verdadero

es aquello que,

sin permiso,

permanece.

 

La herida

Mi herida: un pozo árido

donde el dolor se hunde, sin eco.

No brota sangre:

solo sombras que se alargan

y envuelven a quien se inclina.

Hoy acerqué el oído al fondo.

Y habló.

Una voz dijo mi nombre de niño.

Otra confesó lo que no he perdonado.

Y otra dijo: cuándo volverás.

Mi herida es un hueco que nadie llena.

Y, en su vacío,

también soy dios,

—también soy el que escucha.

 

De trapo

 

Me pone a elegir

entre la soga

y el precipicio.

La soga cede.

El abismo no tiene fondo.

Soy de trapo.

Me lanza contra la pared.

Caigo.

No me rompo.

Su madre lo llama.

El hilo de mi brazo

se queda en su mano.

Desde el suelo

miro la puerta

por donde se va

el niño

 

Simple

Hay sol.

Lo sientes.

Tienes hilo.

Duele hoy.

Mañana cose.

Sigues de trapo.

 


  Luciérnagas en el día Edgardo Benítez No fuimos diseñados para vivir en el pasado. O acaso yo pudiese oír el sonido de ayer, o podrías...