martes, 30 de junio de 2026

Poema que no necesita recompensa porque es dedicado al aire que respiro

 Poema que no necesita recompensa, porque es dedicado al aire que respiro 


Se fue. 

No hizo ruido. 

Cerró la puerta desde afuera.


El centinela guarda el arma. 

No porque haya paz. 

Sino porque ya no hay nada que vigilar.


Me quedo despierto. 

Sin lodo en las manos. 

Sin asiento guardado. 

Sin nombre que me espere en otra mesa.


Afuera amanece Santa Ana. 

Adentro, nada. 

Y por primera vez, 

la nada no pesa. 

sábado, 20 de junio de 2026

 


Luciérnagas en el día
Edgardo Benítez

No fuimos diseñados para vivir en el pasado. O acaso yo pudiese oír el sonido de ayer, o podrías tú escuchar el sonido de mañana, claro que no.

Tenemos la capacidad natural de vivir el presente, lo demás es la argucia de nuestra memoria que puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra.

Hasta hoy hemos caminado esclavos de nosotros mismos por no comprender la interioridad del instante, de la interioridad de dios, de nosotros mismos, en consecuencia, en los 7000 millones de seres humanos que somos no hay uno que pueda gobernar su pensamiento, no hay uno solo que no pueda comprender que nos dejamos robar a dios, nos dejamos robar la interioridad de dios, ya sea por negocio, por deseo de poder o por lo que sea.

 

No es cierto que el ser humano envejezca, envejecemos por la manera equivocada de pensar, envejecemos porque tenemos miedo.

Tampoco es cierto que exista la muerte. Como final de un todo, no es verdad, lo que existe es el final de la vida.

 

 ¿Sufrimos entonces por qué? Es la pobreza de nuestro pensamiento, por la ausencia de pensar, por no pensar en ayudar al semejante.

 

No hay nada en la tormenta por fuerte que esta sea que pueda doblegarnos, dependerá de lo que pensamos y solo así podemos encontrar nuestra propia divinidad.

 

Solo nosotros vemos lo que nos castiga, en consecuencia, nos convertimos en nuestro propio juez, nuestro propio jurado, nuestro propio verdugo y al final terminamos convirtiéndonos en nuestra propia guillotina.

 

martes, 16 de junio de 2026

Bañándome en un río con Heráclito




Dicen que para imaginar no necesito nada. Que basta cerrar los ojos y listo: el mundo nuevo aparece.

Mienten.

Yo no imagino desde el vacío. Imagino desde el escombro.

Para soñar otro cauce, primero tuve que ahogarme en este. Para inventar un agua que no corte, primero tuve que sangrar con la piedra. La memoria me dejó el barro en las manos. La imaginación es solo el atrevimiento de meter los dedos y darle otra forma.

El recuerdo es mi biblioteca rota. Cada cristal en el suelo es una página. Cuando quiero imaginar, no miro al cielo: me agacho. Recojo un fragmento que aún arde y le pregunto: “¿y si no hubieras cortado?” “¿Y si hubieras sido ventana?”

Sin la cicatriz, no sabría inventar la caricia.
Sin el grito, no sabría imaginar el silencio que abraza.
Sin haberme perdido en el río de ayer, no podría dibujar el puente de mañana.

La llamita esa que no se apaga hace dos trabajos: con una mano sostiene el álbum de fotos que duelen, con la otra enciende la vela para ver qué más hay en el cuarto.

Heráclito tenía razón: no me baño dos veces en el mismo río.
Pero gracias a la memoria, puedo imaginarme bañándome en otro. Puedo cerrar los ojos, tocar la cicatriz del agua fría en mi piel, y decirle al río que no existe todavía: “te espero”.

Quizás, no, de seguro, imaginar es el acto más humilde.
Es reconocer que todo lo nuevo que creo está hecho de todo lo viejo que me pasó.
Es arrodillarme frente al barro de mi vida y susurrarle: “déjame intentarlo otra vez, pero distinto”.

La memoria me da las piedras.
La imaginación me da el coraje de lanzarlas al agua y ver qué ondas invento.

Y si no floto, al menos habré dibujado un círculo nuevo en el río.

domingo, 14 de junio de 2026

Tarde de nuevo



Llegué tarde a mi nacimiento.
Cuando llegué,
el mundo ya estaba ocurriendo.
Las calles conocían sus nombres.
Los árboles habían aprendido a conversar con el viento.
Las piedras guardaban memoria de cosas que nunca sabré.
Desde entonces camino deprisa,
como quien intenta alcanzar
algo que sucedió
antes de llegar.

lunes, 8 de junio de 2026




 Viejas amistades

Se olvidaron los afectos y se frunció el ceño. Mordieron la manzana tal fruta perversa, inocentes como candelabro en la noche de su velatorio. Imposible es no renegar del instante cuando encuentras cómplices amigos en pie de muerte.

Sollozaban, languidecían tan niños en cuna, a modo del encanto del jilguero.

Perfectos imbéciles.

Es la noche y los puños no se detenían, tal mariposas volaban, se mandaban a la mierda el pellejo y los ornamentos, y se allegaban las lágrimas, los llantos, las ofensas...

¿Quién dijo odio? o temor, o miedo a dañar al otro árbol caído.

Es tiempo baldío y necesario a la vez. Encuentro de dos que un día hundieron sus copas en risas amables, y ahora, los arrastra el soplo del resentimiento, del celo. ¿Quién se quedará con ella?, ¿el mejor postor?, ¿el que calza más vaina del machete?, ¿el que ensilla mejor su garañón y hace su mejor giro completo? ¿Quién se quedará con ella?, les pregunto, si ambos son igual de atolondrados. Son los mejores postores de la navaja, cuchilleros empedernidos, los grandes dueños de la botella de guaro puro. ¿Quién se quedara con ella?, les pregunto de nuevo, ¿el que le ofrezca más rasguños en las paredes de la celda? ¿El que escriba más cruces en las entradas del panteón?

¡Imbéciles!

Permítanle a ella que decida y diga, a quién de los dos, le extenderá el brazo para caminar por la ciudad, para quién soltará su cabello antes de acostarse y a quién le dará sus labios en noches de pasión y lluvia.

Vaya postores. Desgraciados, tontos ingenuos, como la muerte viva.

¡Tercos!, ¡necios!, permitan que ella les diga la verdad. Así que no deben extrañarse cuando vean que ella venga hasta mis brazos y entonces puedan ustedes morir en paz, los dos.


  Amanecer en la casa del bosque No la reconocí por el rostro. La reconocí por la manera de quedarse en silencio antes de responder una ...