Poema que no necesita recompensa, porque es dedicado al aire que respiro
Se fue.
No hizo ruido.
Cerró la puerta desde afuera.
El centinela guarda el arma.
No porque haya paz.
Sino porque ya no hay nada que vigilar.
Me quedo despierto.
Sin lodo en las manos.
Sin asiento guardado.
Sin nombre que me espere en otra mesa.
Afuera amanece Santa Ana.
Adentro, nada.
Y por primera vez,
la nada no pesa. que r
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