miércoles, 15 de abril de 2026

 

 

 

Bitácora de un exilio interior

 

Nota:

Estos textos son ejercicios de surrealismo breve. Parten de la frase “no sé en qué estaba pensando cuando...” para explorar decisiones límite —irnos, amar, romper, volver— desde un lugar simbólico, no literal. Uso imágenes como el pozo y el exilio interior para hablar de identidad y vacío. No buscan explicar, sino provocar una lectura más intuitiva. Los comparto aquí porque El baúl es donde guardamos lo que no termina de caber en otra parte.

 

Texto breve

No sé en qué estaba pensando cuando decidí hacer amigos.

En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios.

 

Texto completo

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí hacer amigos.

En que mis monstruos estaban criando polvo de tanto conversar solos. En abrir la puerta del pozo para que entrara aire, y entró gente con hambre de abismo propio. En confundir compañía con arquitectura: creí que poniendo nombres alrededor, el hueco dejaría de llamarme dios. En que a veces uno invita testigos para no ser el único condenado por su sed.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí irme de la casa.

En que las llaves ya no abrían, solo confirmaban la jaula. En que el silencio de esas paredes tenía mi voz y no me gustaba cómo sonaba. En mudarme al intemperie porque el techo me censuraba las estrellas. En que hay exilios que no huyen: fundan. Y mi exilio llevaba mi nombre tallado en la maleta vacía.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí perdonar.

En que el rencor ocupaba demasiado espacio en el pozo y ya no cabía yo. En que absolver al otro era la única forma de dejar de ser su carcelero y el reo. En confundir olvido con cirugía: corté el nudo pero la cicatriz aún sabe su nombre. En que a veces perdonar no salva al otro: desaloja el templo para que el dios respire solo.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí callar.

En que las palabras se me estaban volviendo de cualquiera y mi vacío no negocia con plebeyos. En darle el turno al eco para ver si decía algo que yo no me atrevía. En que el silencio también muerde, pero no deja saliva ajena en la herida. En fundar un país donde la única ley es no traducir el abismo.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí volver.

En que el exilio me quedaba grande y el pozo original me quedaba exacto. En que irse no mató al monstruo: solo le cambió el paisaje. En que algunas cadenas no atan, sostienen. Y sin ellas me deshacía en intemperie. En que volver no es rendirse: es reclamarle al hueco la corona que dejé tirada.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí amar sin escudo.

En que las armaduras me pesaban más que las heridas. En dejar la puerta del pecho abierta para que entrara el invierno completo si quería. En confundir desnudez con valentía: creí que sangrar en público dolía menos que oxidarme por dentro. En que un dios sin fe también necesita que lo miren sin pedirle milagros.

 

No sé en qué estaba pensando
cuando... Decidí romper el espejo.

En que mi reflejo ya me repetía como si fuera cualquiera. En quebrar la cara que me obedecía para ver qué otras me habitaban. En preferir mil astillas en el suelo a una mentira entera en la pared. En que algunos rostros solo aparecen cuando los buscas entre ruinas.

 

No sé en qué estaba pensando cuando... Decidí nombrarte.

En que el silencio te quedaba impune y mi vacío exigía cómplices. En invocar al abismo con tu sílaba para ver si así respondía. En que hay nombres que no se dicen: se fundan. Y el tuyo me fundó una ciudad sin salida en la boca.

Edgardoo Benítez

El Salvador

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