La herida
Mi herida: un pozo árido
donde el dolor se hunde, sin eco.
No brota sangre:
solo sombras que se alargan
y envuelven a quien se inclina.
Hoy acerqué el oído al fondo.
Y habló.
Una voz dijo mi nombre de niño.
Otra confesó lo que no he perdonado.
Y otra dijo: cuándo volverás.
Mi herida es un hueco que nadie llena.
Y, en su vacío,
también soy dios,
—también soy el que escucha.
Cuántos nombres surcan el mundo, lista eterna sin fin.
¿Cuál eliges?
Te vistes con uno como traje nuevo,
luego lo abandonas al olvido.
Los nombres perduran,
pero un nombre puede olvidarte sin piedad.
Un eco se apaga en la memoria
y borra la sombra de quien lo fue.
Un nombre: susurro fugaz en el viento.
Su ausencia: abismo que nunca se llena.
Entonces, ¿quién eres si no tienes nombre?
¿Eres el X, el Y, o acaso el 1 o el 2?
O tal vez... no necesitas nombrarte.
.
El Salvador


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