El prisma
Un prisma imaginario en
el espacio multiplica un
rayo de luz. Entonces comprendemos que el arcoíris es ficción: no brilla con
luz propia.
Quizá la Literatura tampoco.
Un prisma literario multiplica palabras, imágenes
y sentimientos que antes no existían o que dormían escondidos en alguna región
del pensamiento.
La brisa podría ser el pasaje hacia la locura o
hacia la sensibilidad natural. Por eso los escritores respiran ciertas noches
como si fueran revelaciones y hacen votos secretos para que ese estado no
termine nunca.
Entonces aparecen las imágenes.
Una flor roja que exalta las virtudes de la rosa
sin ser todavía una rosa.
La noche frente al mar. Una luna blanca y
excesiva. Una muñeca de tusa tomada de la mano y mirando las olas como si
hubiese olvidado su nombre.
El pelo suelto de ella cayendo como cascada sobre
el pecho y el rostro mientras los pétalos los acunan.
Quizá el color rojo nació así.
Quizá también el olor de la rosa.
Y quizá la Literatura no sea otra cosa que el
instante en que la realidad atraviesa un prisma y comienza a arder dentro de
alguien.

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