De hierro y hueso
La paz no es descanso: es forma interior.
La paz
no cayó del cielo.
Se encendió
dentro del hueso.
Durante años
habitó en nosotros
un animal oscuro.
Aprendimos su respiración.
Le dimos casa.
Cuando el ruido cesó,
no quedó vacío.
Quedó el pulso.
Un pulso desnudo
pidiendo forma.
Ser de hierro
no es endurecerse.
Es no volver atrás
aunque la sombra conozca el camino.
Ser de hueso.
es recordar
que todo lo humano tiembla.
La paz no es silencio.
Es una llama quieta
que exige vigilancia.
Si la descuidamos,
regresa la noche.
Si la habitamos,
se vuelve sangre.
Y entonces
ya no es tregua.
Es estado del ser.
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Edgardo Benitez
Santa Ana, El Salvador
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